Etapa 1

Saint-Jean-Piéd-de-Port
a Roncesvalles

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Es martes, 3 de noviembre, llueve y hace frío. Comienzo a subir las duras cuestas que dan inicio al camino de Santiago partiendo desde Saint Jean de Pied de Port. Sin tener ni idea de lo que me espera, voy siguiendo las flechas amarillas convencido de que a nadie más que a mí se le puede ocurrir iniciar el Camino en un día como hoy. Eso de pensar que estaré todo el camino solo me produce una cierta congoja, son muchos días caminando solo, calculo que treinta. Con mucha ilusión, eso sí, pero el miedo a lo desconocido y a una soledad tan prolongada, me ha llevado a llamar a algún amigo para que viniera a visitarme durante mi trayecto.

El exceso de peso en la mochila no impide que suba a paso ligero las duras cuestas que me llevarán a Lepoeder. He decidido subir por el monte y no por la carretera, por donde no queda más remedio que hacerlo cuando nieva. El paisaje es maravilloso a pesar de las nubes y de la lluvia que veo caer a mi alrededor, pero nunca me toca directamente un chaparrón. Van pasando los kilómetros y no veo a ningún otro peregrino. Se están confirmando mis sospechas. Al sellar mi “compos” en Saint Jean de Pied de Port” me dijeron que esa mañana sólo habían pasado por allí, tres peregrinos de Canarias.

Paro a tomar un café en el albergue “Ithurburia” desde donde se contempla todo el valle. Me dicen que allí han dormido dos peregrinos, ya son cinco los que están en el camino además de mí. La señora del albergue me dice que me dé prisa. Me ha visto perder mucho tiempo con una grabación que he realizado en su terraza y piensa que a ese ritmo no llegaré de día a Roncesvalles. Me preocupo, y arranco de nuevo acelerando el paso en las duras cuestas que tengo por delante.

Al llegar al refugio Orisson me encuentro con los dos primeros peregrinos de mi Camino. Un matrimonio que está preparándose el almuerzo con lo que llevan en la mochila. Preocupado por lo que me ha dicho la señora y viendo a esta pareja con tanta tranquilidad, les pregunto si corren el riesgo de llegar de noche. Ellos me dicen que de ninguna manera, ya han hecho el Camino y saben que tienen tiempo de sobra para llegar. Les saludo y sigo mi camino.

Sigo subiendo, casi todo por pista asfaltada, hasta que en un alto, las flechas amarillas te separan del asfalto y te dirigen hacia el monte. Al poco rato, cruzas la frontera entre Francia y España. Al entrar en Navarra, me encuentro con otra señalización, más intensa, y en la parte más alta del camino unos postes para que, en caso de nevadas, el peregrino no se pierda. Luego me enteraría de las muertes que se producen en el camino, en concreto en esa parte y por culpa de la nieve.

En esa zona me encuentro a otros tres peregrinos más, un mallorquín, a quien no volvería a ver, una brasileña y un venezolano. Los saludo, hablo un poco y continúo mi marcha, comienza la última subida hasta Lepoeder. Cuando me falta poco para llegar, sale el sol y la imagen que tengo de Roncesvalles desde el collado es maravillosa. No me lo puedo creer, casi no me ha llovido, cuando veía llover por los montes a mi alrededor, y cuando llego a lo más alto sale el sol para que disfrute con mayor intensidad de las vistas de Roncesvalles.

El descenso lo hago por el monte, en lugar de dirigirme a la derecha para empalmar con la carretera que llega hasta Roncesvalles. La verdad es que lo ponen como peligroso y, ciertamente, bajar por allí lo es. No por una excesiva dificultad, pero si porque sí se echa la niebla es muy fácil perderse.

Nada más salir del bosque, me encuentro de frente la colegiata de Roncesvalles. He terminado mi primera etapa del Camino, agotado, mucho más de lo que pudiera haber imaginado. Sello mi “Compostela” y afronto mi primera noche en una litera con mi saco de dormir.

Xacobeo 2010 Chiruca - Mejor a pie